Federico Carlos Child

Historia

La historia del Polo Club de Bogotá, desde que se fundó en 1897, está llena de anécdotas divertidas y de datos tan curiosos como que el Polo fue el primer deporte reglamentado que se practicó en Colombia.

Todo comenzó a fines del siglo XIX, cuando Federico Carlos Child, hijo de inglés pero nacido en Colombia, llegó de Inglaterra trayendo tres tacos, algunas bolas y copias escritas del reglamento del juego de Polo y se reunió con Alvaro Uribe Cordovez, Ignacio Sanz de Santamaría –ambos habían jugado polo en Inglaterra–, Luis Nieto, Evaristo Herrera De La Torre y les propuso crear un Club para practicar y enseñar este deporte. Todos se entusiasmaron con la idea y como la mayoría de sus amigos eran dueños de espléndidas haciendas de la Sabana y, por consiguiente, casi todos estupendos jinetes, no fue difícil empezar a conquistarlos. En una entrevista que dio Jorge Sanz de Santamaría al periódico El Tiempo, contaba que la primera reunión se realizó "en la casa de los Saravias, situada a la diagonal a la Catedral, en la esquina de la hoy carrera 7ª con calle 11. Alrededor de unos copetines se reunieron don Manuel Santamaría, don Joaquín Samper, don Alvaro Uribe, don Carlos Child, don Camilo Brigard, don Jorge Montaña y otros distinguidos caballeros". Nunca imaginaron esos "distinguidos caballeros" que más de cien años después se estaba reconociendo que fueron ellos quienes crearon no sólo el primer club de polo en Colombia, sino también el primer club deportivo del país.

Nació en una Bogotá fría, de casas bajas coches y caballos.

La Bogotá de entonces era una ciudad de casi 100.000 habitantes, con calles estrechas, empolvadas o lodosas; viejas casas coloniales, en su mayoría de un solo piso.

La sede de la Magdalena en 1896

Para dar una idea exacta de lo que era, lo mejor es reproducir la explicación que hizo el diplomático argentino Miguel Cané en su libro En viaje (1881 – 1882): " Mis primeras impresiones al aceptar invitaciones o pagar visitas en Santafé de Bogotá fueron realmente curiosas. Llegaba al frente de una casa de pobre y triste aspecto, en una calle mal empedrada, por cuyo centro corre el eterno caño; pero salvado el umbral, ¡que transformación! Miraba aquel mobiliario lujoso, los espesos tapices, el piano de cola Enrad o Chickering y sobre todo los inmensos espejos de lujosos marcos dorados y pensaba en el camino de Honda a Bogotá, en los indios portadores, en la carga abandonada en la montaña, bajo la intemperie y la lluvia, y en los golpes a que habían estado expuestos todos esos objetos tan frágiles". Y para tener un cuadro más completo de sus habitantes, agregaba: "El corte intelectual del bogotano joven es característico. Desde luego una viveza de inteligencia sorprendente, eléctrica en su rapidez de percepción. El esprit chispea la conversación, una mesa es un fuego de artificio constante: el chiste, la ocurrencia, la observación fina, la cuarteta improvisada, la décima escrita al dorso del menú, el aplastamiento de un tipo en una frase, la maravillosa facilidad de palabra…no tienen igual en ninguna otra agrupación americana… El cachaco es el calavera de buen tono, alegre, con entusiasmo comunicativo, capaz de hacer bailar una ronda infernal a diez esfinges egipcias, organizador de las cuadrillas a caballo en la plaza, dispuesto a hacer trepar su caballo a un balcón para alcanzar una sonrisa".

Gracias a Carlos Child, su Majestad autorizó al Polo usar los colores británicos.

Los colores que la junta directiva resolvió para el logotipo y distintivo son los mismos de la bandera de Colombia, amarillo, azul y rojo, pero distribuidos de forma diferente. Así consta en el acta del 25 de julio de 1898. Pero cuando hicieron un pedido a la casa Tremblett, en Inglaterra, de corbatas y otras prendas con esos colores, esta respondió que no podía enviarlo, porque eran los colores del regimiento de su Majestad Británica, la Reina Victoria I. Como Federico Carlos Child había prestado su servicio militar en ese regimiento, pidió una licencia especial para usarlos, y le fue concedida. Luego, él se encargó de hacer los primeros pedidos. Hoy, el diseño del logotipo con esos mismos colores está registrado ante las autoridades colombianas como propiedad exclusiva del Club y son los que siguen distinguiendo al Polo Club de Bogotá.

Duque de Edinburgo El Princípe Felipe Duque de Edimburgo en el Polo Club de Bogotá, en febrero de 1962.

En el archivo del Club se conservan algunas de las copias de los pedidos hechos por Child entre 1901 y 1903, de corbatas, cascos y telas a la casa Scotts, de Londres. Años más tarde, en 1908, se comenzó a pedir otro tipo de elementos y de prendas, como medallas, esculturas de polistas, camisas, cascos y pañuelos, pero esta vez a la casa Scloss Brothers, también de Londres. En Europa, igualmente, diseñaron las insignas del Polo Club de Bogotá. Las realizaron en Suiza, Hughenin Fréres, casa de la que eran representantes en Colombia Wills Pradilla & Michelsen, quienes también importaban equipos deportivos.

Aunque las bolas para jugar polo fueron inicialmente de fabricación local, alrededor de los años treinta se empezaron a pedir por intermedio de Muñoz Hermanos, a la casa Spalding, de Nueva York y, por esa misma época, la Librería Voluntad también comenzó a importarlas. Pero con las que se jugaron las primeras partidas de polo en Colombia fueron hechas por el carpintero Feliciano Navarrete, quien en 1921 en una carta decía que tenía fabricadas 600 bolas de madera de sauce y que requería que se las recibieran, pues las había hecho con la madera que le había enviado el Club. Y más adelante manifestaba: "… he sido yo desde la fundación del Polo quien suministra este artículo".